martes, 2 de diciembre de 2008

COLORADA COMO EL TINTO

Mi familia no es de consumir muchas bebidas alcohólicas, es decir, no cuento con un majestuoso bar en mi sala pero el vino nunca falta en mi casa; siendo mi papá de Pisco- Ica, su conocimiento en el tema de vinos es amplio. Sabe de muchos vinos, de calidad y diferencia, pero siempre prefirió el Borgoña: “ni muy dulce, ni muy seco”.

Mi primera experiencia con el vino fue en un almuerzo en mi casa, en compañía de mis padres, mi papá ofreció un borgoña de Tabernero antes de comer para abrir el apetito. Fue una sensación agradable, un dulcecito nada hostigante, suave, sencillo, en pocas palabras delicioso.

Muy rico pero tengo un pequeño problema, algo hereditario; el vino o cualquier bebida que contenga alguna dosis de alcohol hace que mis cachetes se pongan colorados con solo un vaso y con mas de uno, ya se imaginarán toda mi cara.

Ese día pedí una copita más, mi cara se puso totalmente roja, fui el centro de risas en mi casa, fue vergonzoso, mis familiares creían que me había afectado el licor pero no fue así, solo estaba colorada con el tinto.

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